sábado, 12 de noviembre de 2011

Río de Janeiro - Realidad Europea: El pasado imperial brasileño

Un trono, un emperador, palacios, lámparas de araña, reinas locas, damas de corte, elegantes caballeros, coronas, encajes, piedras preciosas, bailes y recepciones... Son términos no fáciles de asociar con el tema que nos ocupa este mes de noviembre. Casi es más fácil relacionarlo con nuestro destino del mes de octubre, con el europeo París. La vieja Europa... aquí nos sobran Versalles, Ermitages o Granjas de San Ildefonso. Estamos muy familiarizados con personajes como Sissi Emperatriz, Iván el Terrible, Leonor de Aquitania, el Rey Sol o Catalina la Grande. En muchos casos, la monarquía sigue siendo un realidad en Europa, perenne, rancia y no adaptada a los tiempos, pero existente al fin y al cabo.

¿Cómo va a ser relacionable esto a Brasil?

Pues de la manera más fácil: Sabiendo que hubo un día en el que hubo Emperador de Brasil, Palacio Imperial en Río de Janeiro, familia imperial y todo lo demás... y claro, todo de orígen europeo. Es un aspecto muy desconocido del gigante brasileño, unido de lleno a aspectos históricos y políticos de Europa y al colonialismo portugués. Nos colocamos la casaca, la peluca enpolvada, el colorete y los encajes en los puños para dar la mirada europea sobre Río de Janeiro. Una mirada que se podía haber dado desde otros muchos temas. Lo exótico en este caso es imaginar una elegante, consentida y gastona corte a la europea en en la salvaje y colonial Sudamérica.


Érase una vez un rey europeo, un regente mejor dicho, del vecino Portugal. Don Juan de Braganza, hijo de María I, la reina loca. Desde 1792 se encargó de ser el rey efectivo de ese gran gigante imperialista que era Portugal durante el Antiguo Régimen. El regente estaba casado con la polémica Carlota Joaquina de Borbón, Infanta de España e hija de Carlos IV y María Luisa de Parma, en una de esas uniones matrimoniales ibéricas que tanto se dieron a lo largo de la historia. Un reino con un imperio colonial centenario que se empezaba a tambalear por la gran nube revolucionaria que emanaba de Francia: La Revolución Francesa y el periodo napoleónico. que hicieron temblar a todas las testas coronadas de Europa.

Retrato de Don Juan VI de Portugal de Debret en 1816 (Museu Histórico Nacional, Río de Janeiro) el protagonista iniciador de la aventura imperial brasileña.

Napoleón Bonaparte era considerado el mismísimo Anticristo por la realeza europea, mucho más que los violentos revolucionarios del Terror  decapitador de nobles y eclesiásticos. La tradicional alianza entre las coronas inglesa y portuguesa, que se mantenía a pesar del bloqueo continental exigido desde París, hizo que Napoleón se planteara la ocupación de Portugal, que vendría a significar también el control del incalculable tesoro colonial de un imperio que se extendía por el mundo. Se decide la conquista portuguesa, y el General Junot cruza los Pirineos, con los ojos puestos en Lisboa. Ojos que más tarde se fijaran en la vecina Madrid, pero ese es otro relato.
La noticia encendió todas las alarmas. La familia real temblaba en el Palacio de Queluz, liderados por la reina loca, quizás la primera en darse cuenta del peligro. Un pánico que se adueño rápidamente de todos los miembros de la corte lisboeta, vislumbrándose pronto cual iba a ser la solución a sus problemas: el autoexilio a las colonias americanas, al lejano Brasil, con un inmenso océano de por medio y desde donde el estado portugués podía intentar mover la siguiente pieza en ese eterno ajedrez de la política. Inmediatamente se inician los preparativos en una operación sin precedentes: Trasladar todo el oropel y lujo de una corte europea por mar a unas nuevas tierras. Los palacios se vacían, los archivos se ocultan y toda la élite metropolitana sueña con su futuro tranquilo en la colonia. Los habitantes de Lisboa son testigos de esta huída regia por mar, una huída de todo el aparato estatal que permanecerá para siempre en el imaginario colectivo. No solo se rompe la tradición, lo estipulado, el orden normal de las cosas... la monarquía absoluta pierde su halo quasi divino, y se transforma en una estampida histérica hacia el puerto de Ajuda y pese a las grandilocuentes palabras del regente a su sorprendido e indignado pueblo:

"Creedme, portugueses: obro correctamente. Ahora dejo el reino, pero un día volveré con un imperio"

Vacias palabras al fin y al cabo para los súbditos portugueses, que deberán afrontar solos la presencia napoleónica.

El 13 de noviembre de 1807 zarpa de Lisboa todo el estado portugues: La reina loca (acomodada en un habitáculo enrejado) Don Juan y Doña Carlota Joaquina y su gran camada de príncipes y princesas, la alta nobleza, las altas esferas eclesiásticas, ministros, altos funcionarios, caballeros y damas de la corte, sirvientes, literatos y amigos de la realeza... un gran efectivo de nuevos colonos que tuvo que afrontar un duro y penoso viaje de varias semanas entre tempestades y tormentas, que desde el inicio de la travesía hizo perder la formación de los diversos navíos. La Fragata Príncipe Real donde viajaban Don Juan, sus hijos más pequeños y sus más íntimos e importantes colaboradores perdieron de vista al resto de navíos, ignorando si seguían el trayecto hacia Brasil o sí habían desaparecido. Las provisiones y el agua empezaron a escasear, iniciándose el racionamiento y provocando que la flor y nata portuguesa se convierta en una atemorizada, sucia y hambrienta masa.


Dibujo que muestra la huída regia desde Lisboa en 1807

La pesadilla acaba el 21 de enero de 1808, cuando Don Juan desembarca en el puerto de Bahía. Toda la sociedad colonial esta perpleja ante lo que se encuentra y se iniciará un periodo de esplendor criollo, un orgullo herido por la distancia de una sociedad que anhelaban y que ha cruzado el Atlántico para reunirse con ellos. Acaba la pesadilla de los Braganza. La capital se establece en Rio de Janeiro, desposeyendo a la histórica Lisboa de tal rango, siendo esta la primera vez que un estado europeo cuenta con su capital fuera del continente. Vaivenes históricos y circunstancias políticas, como el regreso a Portugal de parte de la familia, provocarán la independencia de Brasil, y no de cualquier forma: Un Imperio. La primera forma monárquica americana, de mano de otro protagonista de la historia brasileña: Pedro I, Emperador de Brasil.


Pedro I de Rodrigues de Sá en 1830 (Museu Imperial, Petrópolis)

Todo este pasado y herencia a la europea, tiene aún su reflejo en la actual Río de Janeiro y sus alrededores. Máximo exponente de los origenes occidentales brasileños, que tras la explicación de su inicio pasamos a investigar entre los múltiples tesoros que nos oferta la gran urbe carioca. Hoy podemos hacer ese turismo de palacios y realeza en el exótico Brasil. El centro de Brasil es testigo de este pasado: Nos encontramos el Paço Imperial, a través del cual podemos hacer una clase de historia brasileña haciendo un recorrido por sus moradores, desde sus primeros inquilinos los virreyes, pasando por la familia real portuguesa que se convertira en imperial brasileña y terminando su uso como centro público y cultural ya en época republicana. En la actualidad conserva ese cariz cultural, albergando una biblioteca, salas de exposición y proyecciones en un marco incomparable, un palacio de estilo barroco portugués en la ciudad de la samba y el carnaval.


Paço Imperial en Río de Janeiro

La siguiente residencia carioca de la familia Braganza lo fue gracias a una donación. Hablamos del Palacio de Sao Cristóvao, dentro del complejo de la Quinta da Boa Vista. Sede más mítica y visible del periodo imperial, que hoy alberga el Museu Nacional do Brasil. Construcción neoclásica, ampliada y reformada en varias ocasiones por sus distintos moradores, y fiel reflejo de las modas regias imperantes y creadas por sus primos europeos: Salas de recepción, Salón del trono, jardines artísticos de ensueño... Su labor actual la ostenta desde la proclamación de la Repúbica, cuando la familia es expulsada de Brasil y gran parte del legado artístico destruído y otra parte reubicado en el otro gran palacio brasileño.


Palacio de Sao Cristóvao, hoy sede del Museu Nacional de Brasil

Finalmente nos alejaremos un poco de Río de Janeiro, haciendo una excursión a los alrededores de la ciudad, donde encontramos la última joya herencia del pasado imperial, como podríamos hacer desde Madrid a Aranjuez, El Escorial o La Granja de San Ildefonso. En esta ocasión nos centramos en el Palacio Imperial de Petrópolis, a 68 km de Río de Janeiro. Petrópolis es una ciudad que respira ese pasado regio, mandada construir alrededor del Palacio de Verano de la familia imperial. Su construcción se concluyó en 1845, y en la actualidad es el Museu Imperial, lugar idóneo para finalizar este recorrido alternativo por el pasado brasileño.


Museu Imperial de Petrópolis, el museo más visitado de todo Brasil

Del mismo modo que se exportó el imperio, se exportó la república, y desde 1889 se apagaron los grandes salones de fiestas, los grandes retratos dinásticos cogieron polvo, las grandes recepciones, besamanos y bailes se convirtieron en recuerdos así como la familia imperial brasileña, una de esas familias fósiles, enraizadas y obsesionadas en un pasado que nunca volverá y alejadas de el presente y el futuro, al menos, bajo la anhelada forma de sus antepasados o a la semejanza de sus socios españoles, británicos o suecos. Garantes de unos derechos dinásticos que a nadie importan, nadie respeta y ni siquiera se recuerdan.

Para terminar, dos notas culturales para ampliar el tema. La primera, el libro "El imperio eres tú" del madrileño Javier Moro, Premio Planeta 2011 y muy acorde al tema desarrollado. Podemos dar un paseo en esa atmosfera cortesana emigrante a través de la figura de Pedro I, tanto la historia política del Portugal y el Brasil decimonónico como su agitada vida personal. La segunda, la película "Carlota Joaquina, princesa do Brasil" dirigida por la brasileña Carla Camurati en 1994, nos presenta el retrato de la infanta española en su exilio carioca con un lenguaje satírico que alcanzó un notable éxito de taquilla en las salas de cine del país. A continuación un breve fragmento que reinterpreta de forma irónica y humorística el hecho desencadenante del pasado imperial brasileño: La huída de una forma de estado y su implantación foránea, un experimento forzado que no prosperó, pero que dejo un legado, unas fuentes y una historia a la que es interesante acercarse.











                                                                                   




domingo, 6 de noviembre de 2011

Río de Janeiro - Realidad indígena: Tijuca, el útero carioca

Pensamos en Río...
¿Qué imagen nos llega a la mente?




¿Me equivoco? la inmensa e impresionante figura del Cristo redentor sobre el peñón de Corcovado, es la imagen más explotada y conocida internacionalmente de esta gran urbe brasileira. Una escultura que supera los 30 metros y terminada de construir en 1931 para celebrar el centenario de la independencia de Brasil frente al sometimiento colonial portugués.
Hoy no hablaremos de esta famosa y mastodóntica escultura... hablaremos de algo mucho más amplio, y mucho más importante para Río, sus habitantes y sus visitantes. Un elemento de la ciudad que la dota de uno de los múltiples tesoros que alberga, y que a su vez le sirve como rama de su intrincado y antiguo arbol genealógico, siendo el elemento más visible que enlaza a los cariocas con su pasado más remoto.

Hablamos del Parque Nacional da Tijuca, una auténtica selva muy ligada al devenir histórico y vital de la ciudad y que se imbrica a la perfección con el resto de componentes urbanos, una paradoja que a algunos puede parecer aberración, pero que es una evidencia de la amalgama y mezcla de realidades.

Tijuca, creado como espacio protegido en 1961, consta de un total de 3200 hectáreas de bosque, cerros y escarpados montes y peñones o bellas cascadas, conformando el bosque urbano más grande del mundo, a solo 20 km del centro de la ciudad. Entre muchas de las atracciones que puede ofrecer, esta el Cerro de Corcovado, donde se erige el símbolo representativo de la ciudad, un símbolo dentro de otro. Tijuca es el testigo perfecto, la evidencia superviviente del pasado indígena, siendo uno de los patrimonios más valioso y dificil de preservar dentro de la inmensa herencia que Brasil y Río de Janeiro deben a sus descendientes y a la humanidad entera (Reserva de la Biosfera de la UNESCO en 1991).



Pedra da Gávea, otro de los grandes atractivos dentro de la inmensidad del Parque Nacional da Tijuca.

Sumergido en la inmensidad selvática de Tijuca o gozando de sus incomparables marcos naturales, podemos hacernos una idea de la primera imagen que tuvieron los portugueses, colonizadores occidentales de este paraíso. El 20 de enero de 1502 vio arribar la llegada del conquistador foráneo. Un conquistador que desde el primer momento se enamoró del tesoro que había "encontrado", pero paradojicamente absorbió, destruyó y modificó a su antojo... siendo Tijuca un superviviente de lujo: Su flora y fauna, la inmensidad de la selva fue atacada desde el principio para desarrollar los grandes monocultivos de caña de azúcar y café.

La presencia europea en la zona comenzó poco después del primer contacto entre dos distintos mundos: A este primitivo asentamiento llegó Fernando de Magallanes, el gran explorador luso, y se encontró con la Bahía ocupada por contrabandistas y piratas franceses, que crearon una colonia  llamada Francia Antártica . La ciudad como tal  fue fundada el 1 de marzo de 1565 con el nombre de São Sebastião do Rio de Janeiro (San Sebastián del Río de Enero). A fines del siglo XVI, Río de Janeiro era un lugar estratégico en la costa atlántica para el tránsito de buques entre la metrópoli portuguesa y sus colonias americanas y africanas, estableciendo la ruta comercial triangular que tanta riqueza y preeminencia económica dió a Portugal, y tanta deforestación, destrucción y empobrecimiento trajo a la flora y fauna indígena y a los pueblos de estas tierras. Se construyeron fortalezas y se empezó a reglamentar la construcción de laa ciudad y el desarrollo de la economía. La historiografía occidental, y parte de la brasileña, habla de un "acuerdo" entre los colonos y los indios... algo que lamentablemente no puede ser aceptado sin reservas, dudas y controversia... pero, lamentablemente nadie podrá desmentirnos ese hecho: La población indígena fue masacrada de diversas maneras, entre las que destaca la acción armada y el contagio de enfermedades traídas al nuevo continente por los europeos, enfermedades como la gripe, para la que los indígenas no tenian anticuerpos. Cientos de lenguas perdidas, expresiones culturales, tradiciones, modos de vida y expresiones artísticas... que en la actualidad subsisten con dificultad en el interior del país, en torno a la selva amazónica, en una realidad indígena que merece respeto, estudio y un hueco en el discurso histórico del pasado, la reordenación del presente y su preservación futura.



Primeira Missa no Brasil de Víctor Meirelles en 1861 (Museu Nacional de Belas Artes, Río de Janeiro)

Parque Nacional da Tijuca se entremezcla con zonas urbanas, de la misma manera en la que se mimetiza y complementa el pasado, presente y futuro que Río de Janeiro puede aportar a la humanidad. Se diferencian tres zonas bien diferenciadas: Floresta da Tijuca, Serra da Carioca y Pedra da Gávea o Pedra Bonita.
Destacaremos alguno de los muchos alicientes para la visita a este espacio tan especial: La visita a la romántica y rosada Capella Mayrinck, capilla católica de pequeñas dimensiones y perdida en la inmensa Floresta da Tijuca y que nos habla de ese pasado decimonónico de haciendas y villas de la élite blanca, que nos lega hoy en día como una nota anacrónica dentro de este paraíso.



Capela Mayrinck

La Vista chinesa es otra de las atracciones eclipsadas por el Cristo redentor de Corcovado y que nos ofrece una visión muy completa de la totalidad del enclave a visitar y de la ciudad. Una construcción de estilo orientalizante, chinesco, muy del gusto de la mentalidad romántica occidental del siglo XIX, una mentalidad imperialista y viajera, que exporta modelos foráneos para el deleite y disfrute en tierras ajenas. Un pabellón atrayente, por sí mismo, y sobre todo por las vistas que ofrece al viajero.



Vista chinesa al amanecer, con su incomparable marco natural de perfecto telón de fondo.

Finalmente recomendamos encarecidamente la contemplación (casi obligatoria, por su preeminencia dentro de la ciudad, lo que la hace visible desde muchos puntos de Río) y visita de Pedra da Gávea, un gigante rocoso de arrebatadora belleza, y que además reune en torno asi una historia propia, muy relacionada con el misterio y los enigmas antiguos. Su silueta, similar a la de un rostro humano, llamo la atención de sus primeros pobladores y de los conquistadores lusos, que por el efecto visual y la influencia psicológica, nos llega un pareidolia muy evidente. Muchos investigadores, estudiosos y amantes de lo oculto y del misterio han querido ver en Pedra da Gávea algo más: Símbolo de una corriente, minoritaria y minusvalorada por la investigación histórica, que nos habla de intercambios entre Occidente y Oriente desde tiempos antiguos, anteriores al siglo XV. Descubrimientos y hallazgos arqueológicos, teorías, controversia en relación a posibles contactos FENICIOS con las costas brasileñas... Una "colonización" previa a la europea, y que nos hablaría de un contacto entre zonas tan distantes como el Próximo Oriente y el continente americano...



Pedra da Gávea, en la que algún estudioso ha visto la obra del hombre de por medio.

Estas propuestas son solo eso, propuestas, dentro de la gran inmensidad visitable del parque. Ya solo la visita para disfrutar de las especies faunísticas y florísticas, muchas de ellas en peligro de atención, merece la pena. Sea cual sea nuestro objetivo, Tijuca tiene mucho que ofrecer al visitante.

Para terminar... un guiño al mundo infantil, a ese niño que todos tenemos dentro. Este año la sección de animación de 20th Century Fox y Blue Sky Studios nos ha regalado una joyita ambientada en Brasil, en Río de Janeiro y en parte en el Parque Nacional da Tijuca . La película RIO, nos sirve para ejemplificar el objetivo final del post: El conocimiento y valorización de lo indígena, en este caso del ambiente natural. El respeto y preservación del medio, que puede estenderse de buena gana a la cultura de los pueblos indígenas, primigenio aporte a la nación brasileña que no puede ni debe olvidarse.





El mes de NOVIEMBRE... RÍO DE JANEIRO!

Guardamos nuestro acento francés, recordamos con gusto nuestro recorrido por la vida cultural parisina. Durante octubre hemos sido testigo, in situ, del "estudio" de la cultura occidental, de nuestra cultura, la herencia europea, que de una manera u otra ha sido filtrada, influenciada o suplantada desde París.

Pero tras iniciar el vuelo desde los callejones montmartianos, las butacas de la Ópera Garnier, los cafés de Montparnasse o las barricadas estudiantiles del Quartier Latin... entramos en contacto con otra muy distinta. París era mezcla, síntesis, intercambio y cosmopolitismo... pero nuestra opción para noviembre, lo es elevado a su enésima potencia: Río de Janeiro, la ciudad más reconocida de Brasil, el gigante sudamericano, conformado y aglutinado en torno a la mezcla étnica y cultural.

Río de Janeiro es contraste y variedad. La ciudad y su entorno presentan al turista una oferta inmensa, que no siempre suele contemplarse en su totalidad. De nuevo... no volvemos a descubrir nada nuevo: Río es una de las ciudades más visitadas del continente americano y la más visitada de todo el hemisferio sur (Datos de 2010), de moda tras la consecución de los Juegos Olímpicos en 2016...
Lo que si podemos hacer, es dar un paseo distinto por Río, un paseo que nos sirva para disfrutar y gozar de la ciudad en todos los sentidos, aprendiendo a la vez una serie de características de Brasil. Son contraste y fusión, desde nuestro planificado viaje, asaltaremos las distintas realidades brasileñas, para poder entender de esa forma el conglomerado carioca. Unas realidades divididas por semanas, que se organizarán de la siguiente manera:

1. Realidad indígena: Tijuca, el útero carioca.
2. Realidad europea: Río de Janeiro, capital del Imperio.
3. Realidad africana: El baile y la fiesta brasileira, herencia de esclavos.
4. Realidad brasileña: La cultura brasileña contemporánea, reflejo de la nación multiétnica.

Pinceladas y enfoques distintos sobre la amplísima oferta cultural que nos ofrece Río de Janeiro, unos más conocidos y reconocibles, y otros que pueden ser toda una sorpresa o novedad.

De cualquier forma, Brasil y Río de Janeiro merecen la atención de mundo: Un país y una ciudad de contrastes, de paradojas y entendimiento, de mestizaje y etnicidad, de relevancia cultural, social, económica y política... Uno de los motores de Iberoamérica, gran desconocido en muchos aspectos, que enamora e hipnotiza... adentrémonos en esta pangea cultural!

Bem-Vindos ao Rio de Janeiro!


lunes, 31 de octubre de 2011

París revolucionado: Mayo del 68

Esta será nuestra última aproximación a la ciudad de París. Un último enfoque muy especial, y que a día de hoy puede resultar de mucho interés (o no). Un nuevo viaje a la capital francesa, que de nuevo se traza en paralelo al desarrollo de la cultura parisina, pero que en este caso se imbrica con otras categorías: La historia, la sociedad, el pensamiento, la política... el ser humano, en uno de los procesos del último siglo que más han influído hasta la actualidad.

Noviembre de 2011, España, la situación de crisis sigue latente: precariedad, inseguridad, paro enquistado y congénito acuciado por los privilegios de unos pocos, injusticia social y política, frustración... Son características que la sociedad del momento reconoce en su propio devenir. A través de la prensa, televisión o en persona, todos hemos vivido este año un gran movimiento reivindicativo ciudadano, que ha reconciliado a la juventud con su propia rebeldía e inconformismo. Muchos jóvenes nos hemos cansado a escuchar: "La juventud de hoy en día no sabe lo que hace", "Los jóvenes no se preocupan de su futuro"... y sí, es cierto, la mayoría de la juventud hemos dormido aletargados durante mucho tiempo. Movimientos globales de protesta como 15M, han hecho que gran parte de la población exprese su parecer, se sienta de nuevo protagonista y actor de su propia vida, sin resignarse o evadirse desde una postura ausente o secundaria. Esta disconformidad latente en los jóvenes, es heredera de la lucha ejercida por las juventudes de otros tiempos, en especial de la que hoy tratamos.


¿Hay mucha diferencia?

Decir Mayo del 68 es pensar en París. Un proceso apasionante y apasionado, muy interesante desde los estudios sociales y culturales y que merece contar con un recorrido por la ciudad que engendró la revuelta estudiantil por antonomasia. Nos acercaremos a sus escenarios, que en la mayoría son ya viejos conocidos de los tour turísticos parisinos, desde otro enfoque. Para estrechar un poco el escenario, en su mayoría hablaremos de escenarios de uno de los barrios más céntricos de París: Le Quartier Latin o Barrio Latino. A orillas del Sena, desde el medievo alojó a los estudiantes de la Sorbona, la perla de más renombre de las universidades francesas. Un barrio íntimamente ligado con Montparnasse, al que desbrozábamos la semana pasada y con el que tiene que establecerse un fluído diálogo: Dejábamos Montparnasse en el horizonte de la Segunda Guerra Mundial, época de ocupación nazi y de consiguiente liberación aliada, que sin lugar a dudas afectó a la Francia resultante: Época de inseguridades y miedos, que provocaron gobiernos de trazo conservador, teñidos de un marcado caracter paternalista. La recuperación tras la guerra a través de la oficialización del capitalismo, provocó una temporal época de bonanza económica durante la década de los 50, que a finales de los 60 empezaba a desmoronarse. Un desmoronamiento no solo económico, todas las esferas empezaban a mostrar características irreconciliables: La consolidación de una cultura adolescente propia con ídolos e ideales propios, el cuestionamiento de la moral burguesa gaullista, liberación sexual, el desarrollo del nivel intelectual de las masas estudiantiles, el movimiento hippy, el antiimperialismo (Guerras de Vietnam, Indochina, Argelia...), la influencia de eminencias de la cultura existencialista o izquierdista como Jean Paul Sartre, el crecimiento del sindicalismo obrero... Inapetencia y desprecio ante la herencia que auguraban los jóvenes, de un mundo, una Francia y un París que no reconocían como suyo. Se va fraguando un movimiento, revolucionario en sus ideales pero no en sus acciones, que hoy debemos tener muy presente.

Para empezar, lo haremos fuera del efervescente centro de la capital, lo haremos a las afueras, en la Universidad de Nanterre. Actualmente es el segundo centro universitario más grande de Francia, creada en 1964 para descongestionar de alumnado a la atrayente Sorbona. La universidad surgió en un ambiente de marginalidad y chabolismo que infuyeron en el pensamiento estudiantil. Pobreza y precariedad resultante del éxodo a la metrópoli, tanto rural como colonial que contrastaba con el ambiente cultural universitario. La Facultad de Letras, fue la más proclive a la rebelión y a la respuesta: antiimperialistas, anticapitalistas, feministas, neomarxistas, troskistas, maoístas... La chispa surge el 8 de enero de 1968, cuando el Ministro de Juventud y Deporte es increpado por los estudiantes, liderados por Daniel Cohn-Bendit, conocido a partir de ese momento como Danny el Rojo y que fue uno de los rostros más visibles de la revuelta. El 22 de marzo protagoniza junto a otros estudiantes, intelectuales y profesores el primer encierro, que provocó la posterior intervención policial y el cierre de la universidad. Vemos por tanto como el germen de esta "revolución parisina" se llevó a cabo en la periferia. Hoy puede visitarse facilmente, a unos veinte minutos del centro utilizando el metro.


Grupo de estudiantes (Danny el Rojo en el centro) en la Universidad de Nanterre, entonando "La Internacional" en presencia de la policía. (Foto: AFP)

La Sorbonne es el centro estudiantil más representativo de París y toda Francia, durante mucho tiempo una de las universidades más prestigiosas del mundo occidental, donde se han forjado grandes personajes de la ciencia, el saber y la cultura desde sus orígenes, a mediados del siglo XIII. Las reivindicaciones del mayo francés se extendieron enseguida a la capital, teniendo La Sorbona como sede, centro neurálgico y símbolo. El 3 de mayo empiezan las manifestaciones y ocupaciones de la Plaza de la Sorbona, que hoy podemos visitar, y que fue el escenario de las primeras grandes represiones policiales contra los estudiantes. El cierre de la misma por las intituciones y el poder político sirvió como símbolo aglutinador de la población descontenta.


Place de la Sorbonne durante el Mayo francés. (Foto: AFP)

Las calles del Barrio Latino estan en plena combustión liberalizadora. La presión y represión policiales provocan que gran parte de la población parisina apoye las revueltas de los jóvenes, que cada vez más aumentan de número, filiación y extensión. Con el tiempo, lo que en principio era una protesta educativa y administrativa, termino por confrontar dos estilos de vida, diametramente opuestos. Sus eslóganes, iniciativas y peticiones fueron plasmadas en las calles, pintadas callejeras en paredes que reflejan a día de hoy la efervescencia ideológica y cultural de los jóvenes, y que nos evidencia lo utópico de muchas de ellas: "Nuestra esperanza sólo puede venir de los sin esperanza", "Decreto el estado de felicidad permanente", "Cambiar la vida. Transformar la sociedad", "Mis deseos son la realidad", "La imaginación toma el poder", "No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos", "Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar", "Cuanto más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución. Cuanto más hago la revolución, más ganas tengo de hacer el amor", "La sociedad es una flor carnívora" o "Sean realistas: pidan lo imposible".


Grafitti del Mayo del 68 en las calles de París

Otro de los grandes puntos centrales de la protesta fue el Boulevard Saint Michel, donde la noche del 10 de mayo se lleva a cabo la llamada "Noche de las Barricadas" empezando una guerra campal en las calles, con un gran número de heridos tras una de las cargas policiales más brutales, ejempificado tras la llegada de carros blindados al día siguiente. Este céntrico hilo comunicador nos sirve a la perfección para hablar de los soportes culturales de estos jóvenes, protagonistas del movimiento. A nivel filosófico varias obras y autores fueron protagonistas: Wilhelm Reich y su manifiesto "La revolución sexual", Marcuse con "El hombre unidimensional", publicado en Francia en 1964, Vaneigem y su "Traité de savoir-vivre à l'usage des jeunes générations" de 1967, Bordieu y Passeron publicaban en 1965 "Les étudiants et leurs études" que sirvieron como aglutinante a las reivindicaciones educativas...`Pero quizás sea Jean Paul Sartre el nombre propio más característico. Sus pensamientos resumen a la perfección lo que fue este movimiento, brindando desde el principio su apoyo e influencia a los jóvenes idealistas: "No existe ninguna razón para preparar la felicidad del día de mañana al precio de la injusticia, la opresión o la miseria hoy. Lo que se requiere es un cambio inmediato".
Quizás un buen lugar para sumergirse en la lectura de estos autores sea la cercana y universitaria Bibliotèque Sainte Geneviève, construída en el siglo XIX sobre terrenos de un antiguo monasterio y el Collège Montaigu, donde se alojaron personalidades como Erasmo de Rotterdam, Calvino o Ignacio de Loyola. Lugar que invita a la investigación y el estudio en un marco incomparable.


Jean Paul Sartre junto a los estudiantes en Mayo del 68 (Foto: G.Peters/Zardoya)



Bibliotèque Sainte Geneviève

¿El alcance directo de Mayo del 68 en la política o economía francesa de 1968? quizás ninguno. Pero la repercusión que tendrá para generaciones posteriores será valiosísima. Los gobiernos, a partir de manifestaciones de este tipo empezarán a contar con el importante grupo estudiantil, unas veces complaciendo sus reivindicaciones, otras veces pasando su larga mano por el lomo del animal salvaje en letargo, otras con más recelo y otras con auténtico miedo. La juventud de generaciones posteriores pareció olvidar hechos como estos, y por eso, un paseo por el París del 68 puede remediar este error.

Acabaremos con música, dos muestras de los temas más paradigmáticos para esos revolucionarios y utópicos jóvenes. En primer lugar, el que se convirtió en himno de los insurrectos: Jacques Lanzmann y "Il est cinq heures Paris s'éveille"


La Marsellesa, el viejo himno revolucionario francés de 1789, será reutilizado por los estudiantes, que volverán a darle su sentido primigenio, siendo junto a La Internacional de los más escuchados. Esta versión de la Marsellesa esta presente en el biopic sobre  Edith Piaf ("La vie en rose", 2007, Olivier Dahan), que aunque no podemos encuadrarla como revolucionaria, sigue siendo la punta del iceberg de la canción francesa de manera internacional en nuestros días.



Finalmente, recomendar a todos los lectores el visionado de la película "Soñadores" de Bernardo Bertolucci (2003), una cinta que nos introduce perfectamente en la vorágine intelectual, reivindicativa, revolucionaria e idealista de la juventud estudiantil parisina, una juventud, a la que la actual debe seguir acercándose.



SEAMOS REALISTAS: PIDAMOS LO IMPOSIBLE!

sábado, 22 de octubre de 2011

El París de la vanguardia artística (II): Montparnasse

La semana pasada trazábamos las urdimbres para personalizar una visita a Montmartre, el barrio artístico por antonomasia de París. Partiamos desde una ecuación con muchos datos al descubierto, pues de una manera u otra, la mayoría conoce la existencia del barrio del Moulin Rouge y el Sacré Coeur o se hace una idea tras haber visto las aventuras y desventuras de Amélie de Jean-Pierre Jeunet (2001). Pero la vanguardia artística, la revolución, el cambio... no solo es Montmartre. Hoy pretendemos llegar a ese otro gran núcleo de creación artística, de una segunda generación de artistas, que por tanto, debía y necesitaba diferenciarse de los precedentes y que no tiene la fama y el reconocimiento del anterior.

Hablamos de Montparnasse. Su nombre ya hace referencia a este orígen, al Monte Parnaso de la tradición mítica de la Grecia Clásica, donde vivían las nueve diosas de la inspiración artística en todas sus especialidades: Las Musas. Este certero nombre fue acuñado desde los orígenes del barrio, ya en el siglo XVII, cuando Montparnasse servía de alojamiento a muchos de los estudiantes de la Sorbona. Ya en el siglo XVIII el monte inicial fue nivelado, dándose al barrio la imagen que tiene actualmente.

¿Quién pobló este barrio?, ¿Por qué se abandonó Montmartre? (Sí es que se abandono alguna vez)...

Tenemos que entender el efecto Montparnasse del mismo modo que el efecto Montmartre: Una nueva generación, un nuevo espíritu, que ha bebido de la vanguardia fraguada en Montmartre pero que necesita y anhela formar su propio universo artístico. Se reconoce y admira el trabajo de la generación vanguardista anterior, pero se buscan nuevos horizontes, nuevas barreras que romper y nuevos límites que cambiar. Montmartre, sigue albergando artistas, pero en cierto modo, sus habitantes se han ido aburguesando a medida que han ido prosperando y consiguiendo reconocimiento internacional. El nuevo centro de inspiración artístico parisino también recibirá a artistas "montmartrinos" como Picasso, pero este barrio acuñó artistas de la talla de Ossip Zadkine, Marc Chagall, Max Jacob, Lipchitz, Modigliani, Max Ernst, Marcel Duchamp, Diego Rivera (futuro marido de Frida Kahlo), los hermanos suizos Giacometti, Henry Miller, André Breton, Buñuel o el gran Dalí. De una forma un poco "heterodoxa" podemos decir que Montmartre forjó el Cubismo y Montparnasse se encargó del Surrealismo.

El nexo de unión de este paraíso creativo, en medio de la gran capital, es el gran Boulevard Montparnasse, el verdadero eje de la vida en el barrio, a través del cual se articulan todos los escenarios donde se protagonizó la segunda gran oleada vanguardista parisina. Otra gran arteria de la zona es el Boulevard Raspail.


Sur le Boulevard Montparnasse de Marthe Orant  en 1930 (Galerie Etienne Sassi de París)

Es el París de los Cafés, los restaurantes y Creperies, de los bares y las salas de fiesta. Hoy en día se conservan la mayoría, pudiendo visitar y revivir estos años. Empezamos por el Café de la Rotonde, quizás el más visible y reconocible por el gran público. Está situado en Carrefour Vavin, haciendo esquina con el Boulevard Montparnasse. Victor Libion lo fundó en 1910, y hasta la actualidad ha querido mantener ese aspecto bohemio, reflejo de su época dorada. Entre sus muros se presentó Modigliani a la artista inglesa Nina Hamnett en 1914: "Modigliani, pintor y judío". El incombustible Picasso y los mexicanos Rivera o Cantú fueron visitantes asiduos, como el japonés Tsuguharu Foujita, cuya presencia era exótica hasta para los vanguardistas, consiguiendo un notable éxito. Este japonés tenía su estudio en la Rue Delambre nº 5 y se convertirá en íntimo amigo de Matisse o Picasso, entrando en contacto con artistas de todo signo, como en el caso de la bailarina norteamericana Isadora Duncan, de quien tomará lecciones de danza.


A la Rotonde de Foujita (1925)

Otros cafés literarios y artísticos importantes en Montparnasse son La Coupole o La Closerie des Lilas. En el cercano Boulevard de Saint Germain y su entorno podemos encontrar otros muchos locales de importancia, como pueden ser Café les Deux-Magots o La Brasserie Lipp. Terminaremos el recorrido por estos espacios tras caracterizar brevemente el santuario de la comunidad intelectual norteamericana en París: Le Sélect. Establecimiento que servía de punto de encuentro a escritores, pensadores y artistas americanos, emigrados a París en busca de libertad, huyendo de convencionalismos y el puritanismo estadounidense de principios de siglo y de la Ley Seca. Gracias a esta inmigración constante, París recibío a grandes personalidades. Es el caso de Gertrude Stein, enamorada de la vida que le ofertaba París, abandono su carrera de medicina y nunca volvió a EEUU, convirtiéndose en referente y protectora de la vanguardia artística desde 1905.


Gertrude Stein por Picasso en 1906 (MOMA New York)

Otra norteamericana influyente, que marcó el barrio donde vivió, fue Sylvia Beach. En 1919 creó la Librería "Shakespeare and Company", que se convirtió en el punto de encuentro de los grandes futuros literatos norteamericanos: Allí devoraban la nueva literatura inglesa que en EEUU no tenían opción de obtener, traducciones al inglés de obras internacionales... pero sobre todo, la ayuda y el apoyo de Beach a estos jóvenes y pobres autores: Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, Dos Passos... En París, Hemingway empezó a escribir "Fiesta" y Henry Miller la rompedora "Trópico de Cáncer". Este paraíso para la élite cultural anglo-americana cerró en 1941 tras la invasión alemana. Actualmente y desde 1957 existe una librería con el mismo nombre y filosofía en Rue Bucherie, fuera de Montparnasse y a unos pasos de Notre Dame. Podemos experiementar hoy en día ese mundo culto e intelectual, deambulando entre las montañas de libros o quizás disfrutando de una apacible lectura en uno de sus bancos exteriores.


Imagen de la actual librería "Shakespeare and Company"

Como broche final podemos visitar de nuevo un cementerio, quizás el más visitado de París. Sus importantes inquilinos dan al Cimetière de Montparnasse un status de obra de arte mastodóntica y casi inabarcable, pudiendo hacernos una idea de lo que París significa para el mundo de la cultura, el pensamiento y la ciencia. Podemos "visitar" y saciar el mitómano que todos llevamos dentro frente a las tumbas y cenotafios del científico Jean Claude Pascal, el existencialista Jean Paul Sartre, la escritora Simone de Beauvoir, el escultor rumano Brancusi, el geógrafo Vidal de la Blanche, el músico Camille Saint-Säens, Tristan Tzara, Ossip Zadkine... Un gran número de célébrités de todos los tiempos, que dan a Montparnasse su sitio dentro de los templos a la producción cultural que los turistas de la actualidad podemos visitar.


Tumba del poeta rumano Tristan Tzara (1896-1963) en Montparnasse

Un barrio habitado por grandes personalidades: Dalí y Buñuel dando sus primeros pasos hacia el Surrealismo, con proyectos tan conocidos como "Un chien andalou" (1929), Alexander Calder construyendo sus primeras obras de arte móviles, Isadora Duncan revolucionando el mundo de la danza, Gershwin proyectando "Un americano en París"... o figuras no tan conocidas, pero que son el ejemplo vivo de la esencia de este París: La reina indiscutible de este mundo de locos y avanzados creadores, Kiki de Montparnasse (1901-1953). Audaz, atrevida, musa y reina indiscutible del ambiente de vanguardia. Retratada y pintada en infinidad de ocasiones por autores como Picabia, Kisling, Gargallo o Man Ray, con el que tuvo un apasionado y truculento romance. En 1924 su amante y gran descubridor le hizo la fotografía Le violon d'Ingres, una de las obras más paradigmáticas para ambos. Cantaba, pintaba, escribía... llegó a realizar una exposición con su obra en 1927, a la que acudió todo Montparnasse. Hemingway escribió sobre ella: ..."Kiki reinó en esta era de Montparnasse con mucha más fuerza de la que nunca fue capaz la reina Victoria a lo largo de toda su existencia"...


Le violon d'Ingres de Man Ray en 1924 (The J.Paul Getty Museum, L.A.)

El fin del esplendor de Kiki y de su adorado Montparnasse es parejo. Las sombras de la Segunda Guerra Mundial arruinaron ese ambiente mimético y cosmopolita que se respiraba en el París de entreguerras. Los extranjeros huyeron a sus países, y los franceses se ocultaron y dispersaron por la ciudad. La entrada de las tropas nazis en la capital del Sena puede verse como el fin de este mundo montparniano. Kiki murió en 1953, destruída por los excesos y los anhelos de volver al pasado, cantaba las canciones que unas décadas antes la habían encumbrado por los cafés de Montparnasse, unos lugares extraños para ella, donde era una vagabunda más a la que nadie prestaba atención. Canciones alegres, desenfadas y atrevidas, que podemos encontrar en discos como "Kiki Chante" (2008) y que sirven como broche final para esta época dorada de la cultura. No será el fin de la capitalidad cultural que ostenta París, pero lo magnífico de los resultados hace irremplazable a esta generación de artistas afincados en el Monte Parnaso, el hogar de las Musas.


Kiki de Montparnasse canta "Lá-haut sur la butte"




domingo, 16 de octubre de 2011

El París de la vanguardia artística: Montmartre

Montmartre... inspiración, creación, intercambio, expresión... tradicionalmente, los artistas han llegado a este barrio en busca de estos condicionantes para desarrollar su arte...
En las primeras décadas del siglo XX se concentraron en París un gran grupo de artistas, de todos los campos y todas las corrientes: Postimpresionistas, modernistas, simbolistas, fauvistas, dadaístas, cubistas, futuristas, expresionistas, surrealistas... Gauguin, Cézanne, Satie, Munch, Apollinaire, Picasso, Matisse, Modigliani, Derain, Braque, Gris, Duchamp, Ravel, De Chirico, Eluard, Archipenko, Miró, Man Ray, Dalí... Pintura, poesía, escultura, música... y orígenes muy distintos pero el mismo objetivo: La búsqueda artística en el París de Montmartre.

En todo viaje a París se ha visitado Montmartre, una visita que seguramente ha girado en los hitos más reconocibles, y que sin duda merece la pena visitar: La Plaza de los pintores Place du Tertre, La Basílica de Sacré-Cœur y Le Moulin Rouge. Visitar estos puntos es fundamental, pero si queremos hacernos una imagen mucho más completa de ese París bohemio y descastado de los artistas de principios del siglo XX, tenemos que adentrarnos más de lleno en el barrio, y mirar hacia nuestro alrededor...

Empieza nuestro recorrido por Place des Abbesses, a la que llegamos a través del Métro, primer elemento a tener en cuenta. Además de ser la forma más rápida para moverse por la mastodóntica capital, el metro nos sirve como aglutinante, al ser inaugurado en 1900, el despertar de un nuevo siglo y en el ambiente de la Exposición Universal, que si bien no llegó a Montmartre, influyó en el desarrollo y la vida parisina. Esta parada es una de las pocas realizaciones modernistas que realizó Pierre Guimard en metal y con decoración abstracto-floral.

Estación de Metro Abbesses obra de Guimard

Place du Tertre, la turística, guarda infinidad de información sobre este París vanguardista. En una esquina de la plaza con Rue Cortot se alojó el pintor Émile Bernard, alumno de Toulouse-Lautrec y de Gauguin. También vivió en esta plaza la artista Suzanne Valadon, modelo, conocida de Renoir y Toulouse-Lautrec y madre del también pintor Maurice Utrillo, que pintó un cuadro evocando la plaza en 1909-1910. En esta plaza también vivió el genial compositor Erik Satie, colaborador en infinidad de procesos artísticos completos de vanguardia, que englobaban pintura, música, baile...

La "Place du Tertre" según Utrillo en 1909-1910 (Tate Modern, Londres)

Pero hay otra plaza en Montmartre que merece atención. Place Émile-Goudeau, ni más ni menos que el lugar donde se estableció una de las "sedes" de esta renovación artística: Le Bateau-Lavoir. Casa de alquiler por habitaciones que paulatinamente se fue llenando de estos renovadores pintores, aunando la vida pobre y en ocasiones miserable, con la libertad y la inmersión en un ambiente artístico total. Picasso llegó en 1904, y allí es donde pintó sus archiconocidas Señoritas de Aviñón, inicio del cubismo en 1907. Más adelante llegó el también español Juan Gris, el francés George Braque, el rumano Brancusi o el italiano Modigliani, entre otros muchos. Se crea el trinomio Picasso/Gris/Braque, la piedra angular de la vanguardia cubista. Compartían experiencias, proyectos y problemas en las sucias habitaciones de Bateau-Lavoir: Sin electricidad, ni gas y con un único lavabo para todos los artísticos inquilinos. Un lugar mítico para el mundo del arte, que fue destruído en 1970 por un incendio, reconstruído por Claude Charpentier, sirviendo en la actualidad como residencia para artistas extranjeros.

Picasso en su estudio en Bateau Lavoir en 1908 junto a "Las Señoritas de Aviñón", obra que pintó en ese mismo estudio un año antes (MOMA New York)

Sí seguimos nuestra visita por Rue Lepic encontraremos una calle inmersa también en este mundillo: en el número 54 vivieron Vincent Van Gogh y su hermano Théo. También encontramos Le Moulin de la Gallete, un molino de viento del siglo XVII que fue reutilizado a finales del XIX como Salón de Bailes y Fiestas de las clases populares, a donde acudían los artistas afincados en Montmartre. El impresionista Renoir es el que dejó la imagen más popular de este lugar, pero Toulouse-Lautrec y Picasso también lo inmortalizaron.

"Le Moulin de la Gallete" de Picasso en 1900 (Museo Guggenheim)

El mítico Moulin de la Gallete esta cerrado al público, no pudiendo acceder a uno de los escenarios de ocio y diversión que Montmartre ofertaba a la vanguardia artística del momento. En cambio, sí podemos respirar la atmosfera de la época en Cabaret Lapin Agile, el cabaret más antiguo de París y que sigue conservando los espectáculos y la música de la época dorada, cuando los visitantes eran personajes de la talla de Apollinaire, Utrillo, Max Jacob y el siempre presente Picasso.
Para conseguir una mejor ambientación podemos escuchar Au Lapin Agile: Le doyen des cabarets de Montmartre, proyecto a la venta desde este año, que reune en cuatro discos infinidad de canciones pícaras, alegres y desenfadadas.

Imagen de una velada nocturna del Cabaret Lapin Agile. Podemos ver a Père Frédè, director del cabaret, tocando la guitarra.

Interesante paseo por uno de los barrios de la cultura más importantes de la capital francesa que podemos completar con la visita al Cementerio de Montmartre, agradable templo improvisado hacia la cultura mundial, pues entre sus muros descansan celebridades de la talla de Émile Zola (descansaba, pues fue trasladado al Panteón), el bailarín ruso Nizhinski, Gustave Moreau, la famosa bailarina de can can La Goulue o el gran Degas.
Otra opción puede ser "ponerse en manos de profesionales" y acudir al Musée de Montmartre, situado en el nº 12 de la Rue Cortot, donde podremos diseñar una ruta con más elementos de juicio. A través de su página web podemos investigar sobre su historia y colecciones:


Si se rebusca, se encuentran otros muchos lugares interesantes y refejos de esta época: cafés, librerias, otras calles... Esta es una de las muchas opciones de las que se puede disfrutar en Montmartre. Un barrio que cambió la historia y la concepción del arte, y afianzó la capitalidad de la cultura en París. Para terminar una nueva imagen, que refeja perfectamente esa fusión entre ultimísima vanguardia en un barrio parisino, arrabalero y pueberino, que fue convirtiéndose en santuario para los amantes de la vida bohemia y artística.


"Naturaleza muerta y paisaje - Place Ravignan" del español Juan Gris en el año 1915 (Museo de Arte de Filadelfia)

sábado, 8 de octubre de 2011

París, capital de la danza.

La primera imagen sobre la capital francesa, vista desde la óptica de la historia cultural... va a estar un poco alejada de los recorridos artísticos más representativos: El París del neoclásico postrevolucionario,  El París dadá o surrealista, El París de Auguste Rodin... Nos acercamos desde un arte que tradicionalmente queda marginado  por el turismo, y que encuentra en París la ocasión perfecta para hacerse visible y atractivo ante los viajeros de todo el mundo.
Se puede decir que París es una de las capitales mundiales de la danza, uno de los centros neurálgicos en cuanto a creación, producción y tradición de espectáculos, que en el caso parisino se imbrica con otros muchos rasgos culturales y artísticos, ofreciendo una oferta nada desdeñable.

La creación de la primera Academia de Danza Clásica del mundo fue en París en el año 1713 (École de danse de l'Académie Royale de Musique), con el objetivo de dotar de un mecanismo autoabastecedor de bailarines a la Ópera de París... Dos años antes de su muerte, una de las personalidades políticas francesas por antonomasia, se preocupaba de la fundación de esta institución que marcaría la evolución de la danza: Ni más ni menos, el Rey Sol, el abanderado del absolutismo y el centralismo monárquico; el rey Luís XIV. Este tenía dos grandes hobbies que aún hoy se evidencian en París: Su inmenso afán constructivo y su pasión por el baile. Su gusto por la danza provocó que esta se profesionalizara y se afrancesara. Pero no un gusto meramente visual, al contrario, se dice que Luís XIV era uno de los mejores bailarines franceses de su época (Imaginamos que se trata de una mentirijilla regia) y participó en los numerosos espectáculos que se diseñaban para ser representados en los salones o los jardines de Versalles por músicos de renombre, como Lully. Para ampliar más sobre este asunto, se puede ver la película Le Roi Danse (2000) del belga Gérard Corbiau.


                               Modelo de figurín de Apolo para Luís XIV en el Ballet Royal de la Nuit de 1653.


                                                                     
                                                                     Le Roi Danse (2000)   
                                                                            
Vemos como desde bien temprano, París se irá formulando como uno de los centros neurálgicos de la danza a nivel internacional, a lo largo de los siglos XVIII y XIX se consolida esa posición, que se verá aún más engrandecida a partir del siglo XX. Muchos teatros son creados, con diferentes motivos y para abergar la incesante oferta danzística parisina, y que en muchos casos siguen conformando actualmente ese conjunto de templos quasi sagrados que todos los bailarines sueñan con pisar.

El momento de más esplendor de la danza en París es la llegada de dos agentes: El vanguardismo y el Ballet Ruso. La mezcla de este binomio da uno de los resultados más famosos de la historia del baile: Les Ballets Russes de Diaghilev. Fundada en 1907 por componentes del Ballet Imperial del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, dirigida por Diaghilev y coreografiada por el inmenso Marius Petipa. En 1911 se independizará y se establecerá en París, siendo la capital francesa una testigo de excepción ante la renovación, la pasión, la controversia y la polémica que esta compañia destiló hasta 1929.
Los Ballets Rusos se convirtieron en ejemplo de toda la creación artística que englobaba la ciudad. Puso en relación a artistas de muy variadas corrientes y disciplinas, que engrandeció el producto ofertado: Bailarines de la talla de Anna Pávlova o Vátslav Nizhinski, músicos como Tchaikovsky, Stravinsky o Ravel, coreógrafos como Balanchine o Fokine y escenografías diseñadas por artistas como Matisse o Giorgio de Chirico. Un ejemplo quizás haga más visible el alcance y el nivel de esta obra de arte total: En 1917 se estrenaba en el Théâtre du Châtelet el Ballet Parade, poema de Jean Cocteau musicalizado por el compositor Erik Satie, coreografiado por Massine y el diseño de Picasso...
La compañia presentaba novedades, fraguaba la pura técnica de la danza clásica con el fuerte temperamento y personalidad eslava junto a la originalidad y creatividad vanguardista. Títulos como El pájaro de fuego, La consagración de la Primavera, Petrushka... fueron presentados por primera vez en las tablas de los siguientes teatros parisinos: 



Cartel hecho por Picasso en 1920 para los Ballets Russes.

Ópera Garnier, uno de los centros que conforma la Ópera Nacional de París. El más espectacular y visible de los escenarios, hasta su inauguración en 1875 la Ópera y Ballet había tenido trece sedes distintas. Esta construcción esta enmarcada dentro de la renovación constructiva de mediados del siglo XIX, y es un ejemplo perfecto de los cambios que sufrió la ciudad. Su visita es un agradabe paseo en uno de los grandes templos de la danza mundial. En la actualidad la Ópera Garnier se complementa con la Ópera Bastille, construída en la famosa plaza símbolo de la libertad en 1989, bicentenario de la Revolución Francesa. La película-documental La Danse (2009) de Frederick Wiseman, nos hace un recorrido desde dentro por los entresijos del Ballet Nacional, y los escenarios descritos, siendo una buena herramienta para acercarse por primera vez a la danza. La Ópera Bastille a primera vista se encuadra como antítesis del Palais Garnier, repirándose contemporaneidad y renovación. a información de ámbos centros se encuentra en esta web: http://www.operadeparis.fr/



                                                                      La Danse (2009) 

Théâtre du Châtelet, Otro gran escenario decimonónico que ha visto actuar a grandes genios de la música y la danza y que oferta anualmente espectáculos de primera línea. Este teatro queda bien retratado por fuera y por dentro en la película Le Concert (2009) de Radu Mihaileanu. A través de la web puede ampliarse la información: http://www.chatelet-theatre.com/

Théâtre des Champs-Élysées, Edificio Art Decó, inaugurado en 1913, sede de los Ballets Rusos durante mucho tiempo. Entre sus muros se estrenó La Consagración de la Primavera, rotundo fracaso de crítica y público, potenciado por lo novedoso de la temática y el lenguaje expresivo, que tiempo despues fue revisado y justamente valorado como obra maestra de la música y la danza, http://www.theatrechampselysees.fr/

Otros centros interesantes son el Théâtre Mogador ( http://www.mogador.net/ ) o el Odéon-Théâtre de l'Europe ( http://www.theatre-odeon.fr/ ).



Imagen de la Ópera Garnier a principios de siglo XX

A rítmo de Ballet, ya sea las notas más clásicas y dramáticas del Lago de los Cisnes o lo más innovador del Pájaro de Fuego de Stravinsky... sea como sea, París suena a DANZA!